Cuando se trata esta zona por bruxismo o apriete, lo que se busca es
reducir la hiperactividad del músculo asociada a apretar y rechinar los
dientes. El masetero es el que más se nombra, pero no siempre es el
único: el temporal participa igual en el apriete, y en cuáles se inyecta
y en qué proporción se decide caso a caso, según cómo aprietes tú. Por eso acá
hablo de músculos masticadores y no de un músculo.
El bruxismo es multifactorial. Tiene componentes de estrés, de
sueño, de oclusión y de hábito, y ninguno se resuelve con una inyección. La toxina
actúa sobre uno solo de ellos —la fuerza con la que el músculo trabaja—, así que
es una parte del manejo, no el manejo completo. Lo que corresponda
hacer con el resto se evalúa en su propio contexto.
Soy cirujano dentista: el sistema estomatognático —los músculos de la masticación,
la articulación temporomandibular y la oclusión— es parte de mi formación de base,
y es el terreno donde vive el bruxismo.
El adelgazamiento del ángulo de la mandíbula es un efecto secundario esperable de
tratar el masetero: para algunas personas es un resultado deseado y para otras no,
así que se conversa antes y no después.
Los riesgos propios de esta zona también son distintos: debilidad
transitoria para masticar alimentos duros o correosos los primeros días,
un cambio de contorno mayor o menor al esperado, asimetría al sonreír o al
masticar, y con baja frecuencia difusión del efecto a músculos vecinos de la
masticación o de la expresión facial baja.